¿Parques infantiles o plazas horno? El día a día de nuestros niños bajo el sol de Sevilla

Parque de la Rosaleda

Sevilla es una ciudad maravillosa para vivirla en la calle, pero los que somos padres sabemos que nuestra realidad climática no perdona. Aquí el calor no dura tres meses; el ambiente sofocante empieza en primavera y se alarga hasta bien entrado el otoño. En una ciudad donde pasamos más tiempo buscando el fresco que el sol, el diseño de los parques infantiles debería ser una prioridad para el bienestar de los niños.

Sin embargo, como madre que recorre los barrios con sus hijos, la realidad que me encuentro muchas tardes a partir de mayo es desoladora: parques infantiles vacíos. Espacios muy bonitos visualmente, pero donde el calor acumulado hace que sea insoportable estar. Hemos cambiado la naturaleza por el plástico y el sentido común por el cemento.

Conozco bien las zonas de juego de nuestros barrios, como el recién reinaugurado Parque de la Rosaleda , la plaza del Pianista José Romero  o el parque Marta del Castillo, y el problema de fondo es exactamente el mismo en todos ellos.

Parque Pianista José Romero

Minitoldos que no sustituyen a un pulmón verde

En parques como el de la Rosaleda se han instalado recientemente unos toldos tipo vela. Sobre el papel parece una gran solución, pero en la práctica estas lonas se quedan muy cortas. Al ser pequeñas y estar tan altas, la sombra se va moviendo según la hora y, precisamente cuando más aprieta el sol, brilla por su ausencia en la zona de los columpios. Además, aunque quiten el sol directo, no bajan la temperatura; el aire que se respira debajo sigue siendo un auténtico horno porque el suelo artificial retiene todo el calor del día.

A veces pensamos que los árboles tardan muchos años en crecer y por eso nos conformamos con parches textiles. Pero barrios como la Rosaleda tienen zonas abiertas desde hace más de veinte años. Ha pasado tiempo más que suficiente para tener hoy árboles grandiosos y una sombra densa. Sin embargo, lo que hay no es suficiente. No se ha creado ese pulmón verde que el barrio necesita, y un trozo de tela nunca podrá hacer el trabajo de la naturaleza, porque los árboles de verdad refrescan el aire a su alrededor.

El plástico, el caucho y los dichosos calambres

El modelo que se ha impuesto en nuestros barrios abusa del plástico, las rampas de metal y los suelos de caucho o césped sintético. No hace falta que nadie se queme para saber que esto no funciona en Sevilla: estos materiales absorben una cantidad de calor tremenda y se ponen tan calientes que los niños apenas pueden tocarlos.

Y hay un detalle que todas las personas sufrimos en estos tres parques por igual: la electricidad estática. Con la sequedad del clima de Sevilla, en cuanto los niños corretean por estos suelos artificiales y tocan los columpios, los calambres y los chispazos son continuos. Es una situación incómoda y molesta que se repita tarde tras tarde. Necesitamos urgentemente que el urbanismo de la ciudad empiece a utilizar materiales alternativos y más naturales, que sean aislantes y amables para el juego.

Parque Marta del Castillo

El derecho a jugar en espacios amables

Garantizar sombras de verdad sobre los columpios y materiales que no se recalienten ni den calambres no es pedir un lujo; es pedir que los barrios de Sevilla sean habitables para las familias. El parque de barrio es el único desahogo para muchos niños cuyas familias no pueden pasar el día en un centro comercial o pagar la entrada de una piscina privada.

Menos plástico de colores para la foto de inauguración y más árboles y sentido común para el termómetro real.

Si tú también eres madre, padre o vecino y quieres parques pensados para vivir la ciudad de otra manera, comparte este artículo.