La AVV El Triángulo es un pilar de nuestro barrio desde 1979. Nació con la fuerza de los vecinos que querían mejorar su entorno y, en los años 90, dio un paso histórico al crear este centro infantil para dar respuesta a una necesidad real de las familias. Fue en 2002 cuando sellamos el compromiso con la Junta de Andalucía para ser un centro con un convenio, y yo llegué apenas un año después, en 2003. Desde entonces, mi vida y la de esta escuela han caminado juntas.
Llevo más de dos décadas viendo el mundo crecer tras nuestras ventanas. Pero lo que más me emociona hoy es ver el círculo cerrarse: tengo en clase, como alumnas en prácticas, a jóvenes que tuve en mis brazos cuando tenían apenas uno o dos años. Que elijan volver a su «otra casa» para aprender la profesión es el mayor orgullo que puedo tener; significa que dejamos una huella de cariño que no han olvidado.
Mi trabajo, y el de mis tres compañeras, es acompañar a las familias en el día a día de la crianza. Es una labor de una responsabilidad infinita que genera un cansancio físico y mental que solo se sostiene con una vocación de hierro. Sin embargo, ese esfuerzo hoy choca con una realidad económica asfixiante.
A veces se piensa que los centros infantiles son negocios. En una asociación de vecinos con casi medio siglo de historia, la palabra «ganancia» no existe; existe la «supervivencia».
La dignidad de las trabajadoras: El XV Convenio Colectivo es la base de nuestros derechos, aunque los salarios no reflejan nuestra responsabilidad. Aquí surge una realidad dolorosa: preferiríamos tener una «pareja educativa» (dos profesionales por aula) para trabajar más aliviadas, pero es inviable. No hay de dónde sacar para otro sueldo. El sistema nos obliga a elegir entre nuestra salud física o llegar a fin de mes.
Gastos básicos: El catering, la luz y el agua han subido de forma imparable.
El mantenimiento es el único «beneficio»: Si un mes las cuentas no dan pérdidas, ese dinero no va al bolsillo de nadie. Va íntegramente a mantener el edificio: pintar, arreglar averías o renovar materiales. Sin ese mantenimiento, una obra que empezó en los 90 se acabaría hoy.
La administración se enorgullece de su red de centros, pero la sostiene a nuestra costa. Según los precios actuales, la Junta paga por un niño que está 8 horas con nosotros apenas 1,82 € la hora.
¿Es justo que educar, alimentar y proteger a un niño valga menos que un café? Es una matemática imposible que solo sale adelante porque le ponemos el alma, pero el sistema está al límite.
Llevo aquí desde 2003 y no quiero ver cómo este proyecto, que la AVV levantó con tanto esfuerzo hace décadas, se apaga. No pedimos que las familias paguen más; pedimos que la Administración valore este sector con presupuestos reales de 2026, no de hace una década.
Queremos seguir siendo «la otra casa» de vuestras hijas e hijos, pero necesitamos que a quienes cuidamos de lo más valioso, también se nos cuide.
Porque El Triángulo es de todos y todas, y sin justicia económica, nos quedamos sin futuro.
Vanesa Sánchez García
Directora Pedagógica
